viernes, 8 de julio de 2022

 


Soy culpable de tener un corazón que insiste en volar.
Cada vez que creo haber hallado ese rincón fértil donde hincar mis raíces, algo en mí —más firme aún— decide desplegar las alas hacia otra tierra, otro mar, otro cuerpo.
Por eso enfrento la soledad, cargo con las maldiciones y guardo el dolor de quienes soñaron con ser la última princesa.

¿Qué excusa tengo?
Prefiero callar y ofrecer el pecho desnudo a las flechas del rencor.

A mi favor solo puedo decir que las amé a todas, con la esperanza de encontrar en cada una un perfume, una chispa, un rastro de ese amor que siempre estaré buscando.