Queridos hermanos americanos:
No somos una raza vencida, sino un pueblo noble que fue traicionado.
Por nuestras venas corre la sangre de civilizaciones magníficas, de culturas profundas, cuyo saber fue silenciado y convertido en un susurro que aún resuena como viento entre las montañas.
No olviden las eras.
Inspírense en el cóndor, en el águila... ¡y despierten!
Es tiempo de alzarnos con dignidad, de reclamarle al mundo el lugar que nos pertenece.
Nuestra América no es ruina ni pasado: es semilla, es promesa... ¡es porvenir!







