lunes, 12 de octubre de 2015

¡América es la esperanza! ¡América es el futuro!





Queridos hermanos americanos:

No somos una raza vencida, sino un pueblo noble que fue traicionado.
Por nuestras venas corre la sangre de civilizaciones magníficas, de culturas profundas, cuyo saber fue silenciado y convertido en un susurro que aún resuena como viento entre las montañas.

No olviden las eras.
Inspírense en el cóndor, en el águila... ¡y despierten!

Es tiempo de alzarnos con dignidad, de reclamarle al mundo el lugar que nos pertenece.
Nuestra América no es ruina ni pasado: es semilla, es promesa... ¡es porvenir!


domingo, 11 de octubre de 2015

La verdadera amante


Era capaz de enloquecer a cualquier hombre.
Bajo sus pasos caían las intenciones, ilusiones y deseos de furtivos ilusos que soñaban con poseerla.
Caballeros venustos, ricos o pobres, afortunados o miserables, habrían vendido el alma por una mirada suya, por el roce de su caricia.

 Y, sin embargo, cada día —casi siempre a la misma hora— volvía a los mismos brazos. ¿Por qué?
Sencillo:
En esos brazos habitaban todos los hombres que la deseaban.



lunes, 1 de junio de 2015

Sara






Sara

Según los ánimos, tu voz era como un coro de arpas o el estruendo de un trueno en la tormenta. Tenías el cabello largo, la piel bronceada, y en tu rostro asomaban estelas grises por esa vida dura que te tocó llevar. Y, aun así, a pesar del dolor y el abandono, destellaste infinitas tardes azules y ochenta mañanas limpias de mayo.

Recuerdo, como la mejor evocación de mi vida, la resplandeciente carretera bajo el sol; la brisa de junio acariciando nuestras caras y tus manos mimando mi indomable cabello antes de subir al autobús.

Íbamos camino al sur, hacia las tierras del Daule. Asomados en la ventanilla mirábamos juntos el horizonte y de vez en cuando cerrábamos los ojos, porque según tú, así se descubrían los colores divinos y se oían las notas ocultas de los sueños. Muchos años después debo confesarte que, solo entonces y nunca más, se revelaron ante mí los destellos de los ríos, el olor de los verdes arrozales y la soledad de los vastos campos de caña.

Todo era tan nuevo para mí que jamás te dieron tregua mis dudas de niño. Por eso, y a veces por obligación, me explicaste la virtud del árbol, la blancura de la garza y la paciencia del gavilán. Es que tu sabiduría era de tierra y sangre, Sara, tan elevada que yo solo alcancé a rozar su altura.

Ahora te imagino escudriñando la Biblia y susurrando oraciones por ese hijo que creció y se fue tan lejos. ¿Te acuerdas lo que hablamos aquella vez bajo la luna de agosto? Tú bebías un té de romero y culpabas a mi alma gitana de mi pasión por ir haciendo caminos.

¿Aún haces vigilia en el balcón esperando mi regreso? ¿Has leído mi carta de marzo?  Seguro la hallaste tibia e insuficiente. No sé por qué, pero cuando te escribo las palabras me abandonan. Y entonces ya no puedo contarte sobre las tardes bermejas de España, lo de la nieve colmando los picos altos de la sierra y de lo hermosa que me parece Julia, aquella muchacha de cabellos castaños y ojos tristes cuya sonrisa ha colmado mi memoria.

Aquí mis días son nuevos y buenos, de eso debes estar convencida; son tan gentiles que no tengo queja alguna, aunque todo siga siendo tan extraño para mí.

Ahora me despido, te echo tanto de menos, fuera son las dos de la madrugada y el viento hace volutas bajo la moribunda luz de una farola en la calle.

Hasta pronto y hasta siempre mi primera novia, mi primera musa, mi primer amor.

 


Pájaro azul

Junio

La vida me sonrió con su mueca de hierro y susurró:
“Nadie puede golpearte más fuerte que yo.
Y nadie, salvo tú, puede cargar con tus miserias.”



martes, 19 de mayo de 2015

“La humanidad aún no comprende que la igualdad, tan deseada, es también otra forma de injusticia disfrazada de virtud".

Envejecer


De joven, te alzas en la cima de la montaña, aclamado por la muchedumbre.
De viejo, desciendes en silencio, sin festejos, hacia la soledad y el olvido.

Destino


Solo hay un hombre que no teme a la muerte:
el que sabe a dónde va.

Ganar o perder



Cuando ganas algo, estás irremediablemente condenado a perder.
Cuando pierdes, aunque la desilusión hiera, imperceptiblemente también has ganado.
Solo levanta la cabeza… y mira.