Que mi vida sea un largo viaje surcando mares de aventuras y horizontes de asombro. Y que, al hallar reposo en alguna isla serena, cuando el susurro final de la muerte me llame, pueda, con el corazón pleno y la mirada encendida, murmurar al viento: —¡He vivido!
sábado, 13 de agosto de 2016
Quiero que sepas
Cuando imagino tus ojos, encuentro en ellos mi hogar:
un lugar de reposo,
mi playa favorita,
mi pedazo de mar,
mi sitio en las alturas.
Todo me conduce a ti.
Como si mi vida entera fuera un viaje
con un único destino:
tus brazos.
Cuestión de pulgadas
“La vida es cuestión de pulgadas”, decía Al Pacino en Un domingo cualquiera.
El tiempo se bifurca frente a nuestras narices en incontables presentes,
en muchos posibles futuros,
por culpa —o gracia— de aquellas pulgadas.
Una rata negra y un coche me lo confirmaron.
Hoy, erré por dos centímetros un golpe con mi bate,
y ella escapó.
Sin ese fallo, el roedor sería solo historia,
y hoy no habría mordido a un infante en la nariz.
Horas más tarde, al cruzar una avenida,
vi una sombra alargada proyectada sobre una pared.
Algo en mí decidió quedarse inmóvil,
y entonces, un veloz caballo de acero
rozó mi sorprendida humanidad.
“Cuestión de pulgadas”, susurré,
“cuestión de pulgadas…”


