martes, 16 de agosto de 2022

 

Un jueves veintiuno me presenté en tu calle con apenas un par de cosas, temeroso de que al verme cambiaras de idea. Pero no. Por suerte me abriste la puerta y los planes florecieron: me cediste el control del televisor, un lugar en el sofá y el lado izquierdo de tu cama. Entre los dos, con cierto realismo, pactamos que el ensueño podía quedarse, siempre que no se marchara sin avisar por la ventana.

Los años fueron transcurriendo. Todo parecía estar en su sitio, hasta que un día, sin más, el amor se fue. No dejó nota. No se llevó nada. Ni siquiera la reluciente Thermomix TM5 de acero inoxidable.

Antes de cerrar la puerta me dijiste que así es la vida. Que no valía la pena hacer de aquello una tragedia. Y mientras lo decías, acomodabas mis valijas, mi guitarra recién afinada y cientos de libros en la entrada.

Y me fui, por el mismo camino por el que había llegado. Como se va el amor: en silencio y con las manos vacías.