Quiero
decirle que ya no anhelo sus brazos. Que
ahora que las hojas del olmo se caen preparando el invierno ansío que se
marche.
Que
cuando el ardiente sol de junio toque mi
ventana deseo encontrar su espacio vacío.
Señora
soledad ¿por qué se niega a partir?¿Por
qué inconmovible no le inmuta mi indiferencia?
¿No
es suficiente mi desdén?
No sonría, sé que no existe. Usted sólo se hizo real cuando se sentó a mi mesa y le permití quedarse.
Pronto asomará una nueva estación y yo habré ya mudado mi alma a mi nuevo hogar.
¿Por qué? Porque
me cansé de usted, porque nuestro amor se
rompió.
***

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