viernes, 23 de diciembre de 2016

A usted


Sin ánimo de ofender:

Es simple: yo haré como si nunca hubieras existido.
Tú me arrancaste de mi soledad para nada
y, por decirlo de algún modo, fuiste un mal negocio.

Me prometiste realidad y me diste fantasía.
Y a mi edad —créeme— ya no la necesito:
para eso están los libros, la ópera
o esas películas con finales felices.

Yo te quería de carne y hueso,
a horas convenientes,
solo mía por palabra:
sin sortija, sin juramento,
sin presiones ni reclamos.
Colmada de defectos y sin virtudes,
sin preguntas y sin respuestas.

Yo deseaba despertar contigo por las mañanas,
siempre y cuando la noche anterior se nos hubiera caído encima.

No te quería dividida ni entera.
Lo nuestro era un concilio sin concilio,
y terminó por tu afición a los amores baratos.

Tal vez se te borró que,
cada vez que miraba en ti y no encontraba tu alma,
aun así te hallaba perfecta.
Intacta.
Perenne.

Quizás olvidaste que los hombres como yo van a muerte,
y que jamás sería un actor más
en el teatro ambulante de tus besos.

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