¿Qué si duele este adiós?
Te responderé, María, aunque tú no tengas alma.
Ves el milagro de un nuevo día entrando por tu ventana;
escuchas las coplas de los pájaros,
la honda melodía azul del océano,
el misterioso eco de las montañas…
¡Pero nada de esto te conmueve!
¿Todavía me preguntas si duele este adiós?
¡Tu adiós es un regalo!
Quien con desdén percibe los milagros de la vida,
tratara con aún más desprecio un sincero amor.

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